2Nº 142MARZO - 2005

magnífico pensamiento: compartir el liderazgo del movimiento por la paz con el venerable Passy. En los años siguientes jugó un papel prominente en el Comité Anglo-Alemán  de la Amistad creado en 1905 en el Congreso de la Paz para una conciliación más a fondo anglo-alemana; advirtió a cerca de los peligros de la militarización china y del rápido desarrollo de la aviación como instrumento militar; contribuyó con conferencias, artículos e intervius para que el Club Internacional creara en 1907 la Conferencia de Paz de La Haya con el fin de promover los objetivos de los movimientos entre los delegados de la Conferencia y el público en general; habló en 1908 en el Congreso de la Paz en Londres; y repitió una y otra vez que “Europa es una” y que permaneciendo unida sería la única manera de prevenir la catástrofe mundial que parecía avecinarse.

En 1910 aparecieron sus Memorias. En agosto de 1913, ya afectada por los comienzos de una enfermedad, la baronesa habló en el Congreso  Internacional de la Paz en La Haya donde fue enormemente honrada como “generalísima” del Movimiento por la Paz. En mayo de 1914 fue capaz de llevar a cabo unas interesantes preparaciones que hizo para el vigésimo primer Congreso de la Paz, programado para septiembre en Viena. Pero su enfermedad –supuesto cáncer- se desarrolló rápidamente a partir de entonces y murió el 21 de junio de 1914, dos meses antes de estallar la primera guerra mundial de la cual ella había advertido y luchado en contra.

 

ABAJO LAS ARMAS!”, de Bertha Von Suttner

 

Resulta muy difícil separar la vida de Bertha von Suttner de la de la protagonista de su obra cumbre, “¡Abajo las armas!”, que sin ser autobiográfica, transcurre en muchas ocasiones por caminos paralelos: sus antepasados militares, sus dos matrimonios con nobles austriacos, su dedicación a la causa de la paz...

Tras la lectura detenida de esta novela, debemos resignarnos a la idea de que el pacifismo no es un invento del siglo XX. Von Suttner, a finales del siglo XIX, ya había consagrado media vida a

Bertha Von Suttner (Austria): 1905

(Bertha Kinsky, baronesa de Suttner, 1843-1914) Pacifista y escritora austriaca, nació en Praga y murió en Viena. Hija del conde Kinsky, casó en 1876 con el barón Von Suttner, novelista. En 1889 publicó su famosa novela pacifista Die Waffen nieder! (Ábajo las armas!), que fue traducida a muchos idiomas, entre ellos al español con el título de ¡Abajo las armas!, solo fue superada en popularidad en el siglo XIX por "La Cabaña del Tio Tom". Bertha von Suttner, junto con su marido, trabajó duro para conseguir mantener el Manifiesto del Zar y la Conferencia de Paz de La Haya de 1899, concertando mítines públicos, formando comités y dando conferencias. Envió informes de la  misma Conferencia a The Neue Freie Presse y a otros periódicos en otros países, y al año siguiente escribió artículos y comenzó mítines para popularizar la idea de un Tribunal Permanente de Arbitraje y para convocar la Conferencia. Aunque consternada después de la muerte de su marido en 1902, determinó continuar con el trabajo que ellos habían hecho tan a menudo juntos y que él había pedido que  continuase.

Bertha solamente dejaba su retiro de Viena cuando iba en misiones de paz que a menudo incluían arduas giras de discursos. Continuó escribiendo pero sólo por la causa de la paz. En 1905 cuando recibió el Premio Nobel de la paz –en un tiempo económicamente fortuito- tuvo un

 

 

 

luchar contra la carrera armamentista y el exagerado nacionalismo que estaba destruyendo centro Europa desde hacía generaciones, por no decir desde siempre. La expresión “media vida” no es casual: esta escritora, perteneciente a la aristocracia austriaca, compartió en su juventud los valores que primaban en la época imperial: la defensa del honor y de la patria, la victoria, la guerra como medio de obtener la gloria personal y el reconocimiento social, etc. La baronesa, al igual que Marta, la protagonista de “!Abajo las armas!”, sufrió una transformación en su madurez, renunciando a todos estos principios, por considerarlos los responsables de los males que aquejaban Europa en aquellos tiempos.

No sólo se trataba de luchar con- tra la guerra, había que combatir una serie de ideales que favorecían el espíritu belicista: la religión, que propiciaba la resignación; el papel de la mujer, como simple observadora de los acontecimientos; el valor como algo indiscutible en los hombres, la cobardía como deshonra y la concepción de la guerra como una forma más de hacer política.

En esta obra la protagonista lucha por cambiar estos roles: es una mujer instruida, le gusta alternar con intelectuales aunque pertenezcan a otras clases sociales, no cree que sea imprescindible la protección de un marido, no le importa mantener económicamente a su esposo con tal de que abandone la carrera militar, en definitiva, deja a un lado lo que se espera de una perfecta esposa para invadir un campo reservado hasta entonces a los hombres. No en vano, fue la primera mujer en obtener el Nobel de la Paz.

El verdadero mérito de “¡Abajo las armas!” no es literario, sino lo que su contenido supuso en su tiempo; hasta entonces nadie había denunciado de una forma tan contundente el dolor, la maldad y la crueldad de la guerra, nadie había descrito de forma tan gráfica el padecimiento de los soldados, de los heridos abandonados, de la pesadilla del campo de batalla, del miedo que vuelve loco y del pánico a la muerte. La manipulación de la opinión pública hacía que la literatura estuviera más entregada a la causa de la guerra que a la de la paz. Europa aún no ha cambiado mucho.

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