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Shrin Ebadi (Irán): 2003 |
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"Los derechos humanos son compatibles con el Islam", Shrin Ebadi. Por undécima ocasión el Premio Nobel de la Paz fue otorgado a una mujer. La activista iraní Shirin Ebadi, fué distinguida por su compromiso con los derechos humanos y su lucha contra el hermetismo islámico. La abogada iraní, Shirin Ebadi fue la primera juez en los tiempos del Sha en Irán y poco después fue presidenta de la Asociación de Jueces de su país. Cuando las fuerzas radicales islámicas subieron al poder, fue obligada a abandonar la judicatura. Sin embargo, la creyente musulmana es representante de los esfuerzos democratizadores en un país incluido por el gobierno de Estados Unidos en el ‘eje del mal’. Ebadi participó en la campaña que llevó a la presidencia iraní al reformista Mohamed Jatamí y ha pagado varias veces con la cárcel su compromiso con la modernización de un país acosado por un poder judicial controlado por las fuerzas integristas islámicas. Sorpresiva elección Su elección fue recibida como una sorpresa. Se hablaba del Papa Juan Pablo II y de Vaclav Havel, entre otros, como posibles candidatos. El Comité Nobel eligió a una abogada iraní. Una mujer apenas conocida en Occidente, pero nadie pone en tela de juicio la merecida distinción de la activista de 54 años. Su incansable labor a favor de los derechos de las mujeres, de los perseguidos políticos y de los niños, ha sido constante, pese a los numerosos encarcelamientos arbitrarios de que ha sido víctima. "No se ha dejado extorsionar, pese |
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a las amenazas contra su propia persona", aclaró el Comité en Oslo. Con su decisión, el Comité Nobel ha lanzado una señal a favor del diálogo entre las culturas y las religiones y en defensa de un Islam moderado. Una guerra desigual La portadora del Premio Nobel de la Paz 2003, ofreció una conferencia de prensa sin llevar el tradicional pañuelo con el que las mujeres iraníes se cubren el pelo. Ebadi lamentó que mucha gente viole los derechos humanos en nombre del Islam y reconoció que el balance es muy negativo en este campo en muchos países musulmanes. También criticó las amenazas de Washington a Teherán, diciendo que "ningún país tiene derecho a imponer sus leyes a otra nación". También expresó su preocupación por la situación en los territorios palestinos, calificándola como ‘una guerra desigual, de piedras contra un ejército muy bien armado’. La combativa abogada, que trabaja en defensa de intelectuales, disidentes y mujeres, en una sociedad donde el hombre impone su ley, escudado en el fundamentalismo religioso, dijo que el premio le da energías para continuar su lucha. Actualmente es catedrática de la Universidad de Teherán y asume como abogada, casos políticamente arriesgados, que sus colegas declinan por temor. Ebadi: "Hay que redescubrir el Islam, no el de las jerarquías sino el de la gente". Terminada la universidad, en los años anteriores a la victoria de la Revolución Islámica, se convirtió en la primera mujer que presidió un Tribunal de Familia. Fue este cargo el que le convenció que tenía que dedicar toda su vida a la defensa de los niños, que consideraba víctimas de injusticias en una sociedad construida a medida de adultos, y a la familia, que tiene la obligación de defender la infancia. Excluida Con la llegada de Jomeini y la victoria de la Revolución Islámica, Shirin Ebadi, como tantas otras mujeres que vestían la toga de la magistratura, fue excluida. Entonces, sólo le quedaba la elección de continuar su misión de abogada y profesora de la Universidad de Teherán. Más tarde, tuvo que defender a las víctimas adultas del sistema, los estudiantes arrestados en las manifestaciones y las familias víctimas de la represión. Una elección que le obligó a renunciar a su libertad. "La cárcel es una experiencia que cualquier abogado o ma |
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gistrado tiene que probar si quiere continuar administrando Justicia". Su misión Shirin Ebadi consideraba la administración de Justicia no como una profesión sino como una misión, sobre todo si en medio estaban los derechos de los niños. Shirin no se considera una revolucionaria, ella no quiere hacer ninguna revolución sino que pretende cambiar las cosas utilizando la ley, la lógica y el sentido común. Su última batalla ha sido a favor de los niños abandonados, que en Teherán y en otras metrópolis del mundo viven en la calle sin protección. Igualdad para las mujeres Cuando las mujeres fueron expulsadas de la magistratura por orden de Jomeini y con la excusa de que a las mujeres no se les reconoce en el Islam el derecho a administrar Justicia, Shirin con otras magistradas formó un grupo para estudiar el Islam. Durante años ha leído todo lo que había sobre la ley, sobre los derechos y los deberes de la mujer en los textos religiosos. Al final logró encontrar las razones suficientes para convencer a los ayatolá que las mujeres pueden administrar la justicia. Gracias a su tenacidad desde hace algunos años, las mujeres han vuelto a los tribunales como jueces y magistrados. Además del sentido común, su tenacidad es otra de las principales virtudes de una mujer que ha salvado a decenas de niñas de matrimonios forzados. Impedir que las niñas de 9 años, en base a la ley coránica, pudieran ser dadas como mujeres a hombres adultos y a veces ancianos, ha sido una de las batallas a las que se ha dedicado y continúa dedicándose. Shirin cree en el Islam pero no se cansa de repetir que entre su Islam y el que aplican los ayatolá hay un espacio enorme. "Su Islam empuja a una niña de 9 años a los brazos de un hombre adulto, no es la misma fe en la que creo yo, donde los niños están considerados el futuro de la humanidad", "Hay que redescubrir el Islam, no el de las jerarquías sino el de la gente". Ésta es una de las frases que repite la primera iraní que ha recibido el Premio Nobel de la Paz. |
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Shrin Ebadi, posa en la sede de la Federación Internacional de los Derechos Humanos en París, después de conocerse la noticia sobre el premio. |